¿Qué es y para qué sirve el vocabulario emocional?

Cada vez va tomando más fuerza la inteligencia emocional y con ello la educación emocional. Si te preguntásemos, "¿cómo estás?", y en lugar de responder "bien" o "mal", tuvieses que utilizar otras palabras, ¿qué dirías?

Solo utilizamos un 10 % del vocabulario emocional. Este porcentaje es muy bajo, teniendo en cuenta la gran riqueza de palabras que podríamos utilizar a la hora de describir nuestras emociones o cómo nos sentimos, por ejemplo, más allá de un simple "estoy bien o mal".
Índice

Vocabulario emocional

¿Qué es el vocabulario emocional?


El vocabulario emocional es el conjunto de términos que utilizamos para identificar y describir adecuadamente nuestras emociones. Esto es muy beneficioso para nosotros mismos y para los demás, ya que podremos entendernos mucho mejor; saber por qué sentimos lo que sentimos cuando lo sentimos, y también los demás podrán saber cómo nos sentimos y actuar en consecuencia.

¿Para qué sirve el vocabulario emocional?


Además de lo anteriormente mencionado, nos ayuda a no reprimir nuestras emociones, y también a que no se nos desborden, más bien a gestionarlas. Encontrar el equilibrio emocional es clave para tener una buena relación con los demás, y estar en calma.

La importancia de contar con un vocabulario emocional enriquecido


Lo ideal es aprenderlo y desarrollarlo desde la infancia, ya que esto ayuda a los niños a que no desarrollen conductas nocivas y favorece tener buenas y saludables relaciones con los demás desde muy pequeños.

Pero como decíamos al comenzar este artículo, es ahora cuando se les está dando más importancia a todo el conjunto de las emociones y la gestión de las mismas, por lo que hay adultos que en el momento de ser niños no recibieron una educación emocional adecuada.

1. Nunca es tarde para desarrollar nuestro vocabulario emocional.


Prueba a utilizar otro tipo de palabras a la hora de responder a las preguntas "Cómo estás" o "Cómo estoy". Por ejemplo, en lugar de decir "estoy bien", tal vez puedas decir que te sientes alegre, entusiasmado, contento, motivado, ilusionado, aliviado, tranquilo..., y en lugar de decir "estoy mal", pues digas que te sientes triste, preocupado, enfadado, abrumado, decepcionado, frustrado...

Matizar ayuda muchísimo a comprender mejor nuestras emociones.

2. Además de contar con un vocabulario rico, también es importante saber expresar las emociones


Por lo general se tiende a expresar las emociones comenzando por un "me has hecho" o "eres", cuando lo más recomendable es hablar desde el punto de vista de lo que sientes, para evitar los conflictos.

Es lo que se conoce como la asertividad, concretamente, la comunicación asertiva.

Prueba a comenzar con "me siento así por esto que ha ocurrido". Así es más probable entablar un diálogo y negociación, y no reprochar, ya que esto llevaría sin lugar a dudas a un conflicto.

3. Aprende a escucharte, toma tiempo para conocerte y reflexionar


No es sencillo diferenciar las emociones, ya que a menudo pueden confundirse entre sí por el sentimiento que nos produce (la manifestación de la emoción). "¿Estoy triste, enfadado o decepcionado?" Es importante trabajar la introspección; el autoconocimiento, para poder identificar verdaderamente el origen del malestar y la emoción que se está gestando tras ello.

Nuestro día a día, la rutina en la que vivimos no nos ayuda a realizar este trabajo de autoconocimiento, por eso es muy importar buscar tiempo para nosotros mismos, para conocernos, escucharnos, reflexionar...

4. Mantén la calma en un conflicto, no te precipites. Detecta tu necesidad y la del otro, y buscad un equilibro


Sabemos que en la práctica no siempre resulta tan sencillo mantener nuestras emociones en un equilibrio, ya que también hay factores internos o externos nos influyen. Por ejemplo, nos sentimos fatigados tras haber tenido un duro día de trabajo. Entonces, si nos encontramos ante un conflicto, es posible que ese preciso momento no sea el más adecuado para gestionarlo.

Pues tal vez teniendo esto en cuenta, así como el analizar qué situación o factor ha podido desencadenar que nos sintamos de un modo u otro, y tomarnos nuestro tiempo para calmarnos, identificar nuestras necesidades, las de la otra persona implicada en el conflicto, y ponerlas en común desde el respeto, la bondad y la amabilidad, puede ser mucho más eficaz que ser impulsivos, dejarnos llevar por nuestras emociones y perder el control.

Ponerle nombre a lo que sentimos, nos acerca al bienestar.

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